En su homilía, Mons. Lozano pidió “que este fuego del Espíritu Santo, encendido en nuestros corazones, nos transforme en portadores de esperanza” y alentó a los niños, jóvenes y adultos, quienes colmaban el piso y las gradas del estadio, a que adoren a Jesús, compartan la fe en comunidad, a que escuchen a los desalentados y a quienes se les apagó el entusiasmo.
También invitó a que “pidamos hoy, en esta clausura, que el Espíritu Santo nos renueve en ese ardor, nos haga valientes, nos inspire en la creatividad, humildes y audaces, capaces de amar como Jesús amó. Que cada rincón de nuestra Patria, cada hogar, cada comunidad, vea en nuestro testimonio la presencia viva de Jesucristo, amado y seguido”.
“Caminemos con confianza, como Iglesia viva y samaritana, llevando la alegría de Evangelio a todas partes. Que la Acción Católica siga siendo signo de unidad y esperanza en la Argentina, fermento evangélico en la sociedad”, concluyó.