Uno de los ejes centrales de la homilía fue la figura de María como intercesora y guía de la vida cristiana, especialmente a partir del pasaje de las bodas de Caná. Allí, Mons. Félix señaló que las palabras de la Virgen -"No tienen vino" y "hagan todo lo que Él les diga"- resumen una actitud fundamental del creyente: "hablar a Dios, de las necesidades de los hombres y hablar a los hombres de Dios".
Afirmó que María supo reconocer la raíz más profunda de la pobreza humana: "Ha advertido que lo que le falta a la humanidad es el Espíritu Santo. Esta es la esencia de toda pobreza y de toda necesidad". Desde allí, convocó a toda la Iglesia -obispos, sacerdotes y laicos- a asumir la misión con esperanza y compromiso.
Hacia el final, monseñor Paredes Cruz presentó a la Virgen de la Candelaria como madre, fuente de luz, consuelo y esperanza, especialmente en medio de las dificultades del presente. "Acudimos a nuestra madre espiritual, donde experimentamos la ternura de Dios", subrayó, y pidió que ella "transforme nuestras vidas e impulse un testimonio de vida creíble, siguiendo el Evangelio de su Hijo Jesús".
La celebración concluyó con un tono poético y popular, reafirmando a la Virgen de la Candelaria como signo de identidad, fe y esperanza para el pueblo del Norte, guía del camino y testigo permanente de la luz de Cristo.
Por la tarde se realizó una procesión con la imagen de la Virgen, junto con otras imágenes, por las callles de la ciudad.
















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