Luego expresó su deseo de “que a lo largo de este Año del Bicentenario del Nacimiento del Beato Mamerto Esquiú profundicemos sobre este don de la vida, sobre todo la vida que hemos recibido en el bautismo, que es la vida de Jesús”, para lo cual “nos ha regalado la fe. Entonces, trabajemos sobre este punto inicial de la vida espiritual de cada uno por medio del santo bautismo, que es asociarlos a la vida de Cristo, que tenemos que cuidar”.
Animó a “que esta vida divina que nos ha sido infundida, la vivamos en nuestros hogares, en nuestros vecindarios, en nuestras comunidades, que la hagamos, patente, la cuidemos, iluminados por la Palabra de Dios, para que seamos sus testigos. El mundo está clamando por estos testigos de la verdadera vida, que es una vida de amor, de servicio, que solamente alcanza plenitud si estamos dispuestos a perdonar siempre… como Jesús, quien antes de morir en la cruz, mirando a sus verdugos, dirá: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’. A este Jesús es al que vamos a contemplar y acompañar en estos días”.
Asimismo, señaló que “como estamos en este lugar donde María Santísima comenzó a caminar con este pueblo”, a quien “la veneramos bajo el nombre de la Virgen del Valle, que Ella nos ayude a acercarnos al Señor de la Vida, al Señor de la Historia, al Señor que camina con su pueblo. María es la garante de esta vida divina en medio de nosotros, y se ocupa día a día para que cada uno de nosotros, sus hijos, podamos vivir y ser testigos de esa Vida, en este mundo que nos toca vivir”.
Finalmente rogó “que el Beato Mamerto Esquiú, que nos ha ido ayudando y acompañando en la meditación en este Vía Crucis, con su intercesión y con su ejemplo, nos ayude a ser fieles discípulos misioneros de Jesucristo a quien sea la gloria por los siglos de los siglos”.