Un lugar para ser bendecidos con la gracia del hermano, donde nutrirse del manantial de Vida, donde nos reconocemos como hermanos, donde dialogar de corazón a corazón”.
Asimismo, resaltaron que también es “un espacio para llenar el vacío y la soledad, que muchas veces irrumpe en nuestras vidas, con el Amor y el ser amado, caminando juntos en la oscuridad de la noche que nos toque transitar, porque no estamos solos, somos hermanos y queremos ser fraternidad, viviendo según la forma del santo Evangelio, en nuestra amada Iglesia que nos recibe como familia”.
Además, indicaron que “abrazamos la forma de vida propuesta por San Francisco, de la penitencia, tras las huellas del Beato Mamerto Esquiú, con el anhelo de santificarnos en fraternidad respondiendo al llamado de María Auxiliadora, Reina de la Familia y causa de nuestra alegría, que nos envía: ‘Hagan todo lo que Jesús les diga’, a ser Evangelios vivientes en nuestros hogares, intercediendo y reparando por la santificación de nuestra familia y de las familias que Ella nos quiera encomendar. Que, de la mano de nuestra Madre, podamos llegar a decir: ‘Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí’”.