Te pido, también, que envíes abundantes lluvias para tantos sedientos campos, exhaustos manantiales y diques vacíos. Y, con ella, que el Espíritu Santo reviva los corazones que están calcinados por causa del pecado y la falta de confianza en la misericordia del buen Dios.
Te suplico, Madre del Dios por quien se vive, que insufles en el corazón de cada argentino un verdadero compromiso por la vida. Para ello, despierta en los corazones de varones y mujeres el propósito de vivir en casto y estable matrimonio, según los eternos designios de Dios, única garantía para formar familias unidas, educadoras de creyentes y ciudadanos responsables; abiertas con generosidad a la vida y cuidadoras de la vida desde la concepción hasta su partida natural. Sabemos, Madre de la Esperanza, que la vida está amenazada por el consumismo, las adicciones, los vicios, la violencia, la apología del sexo libertino e irresponsable, las ideologías ateas, las políticas inescrupulosas, las economías exitistas, el egoísmo, etc., por eso, ayúdanos a vivir la fe recibida en el bautismo de manera coherente, asumiendo todos los desafíos que nos propone.
Por último, te ruego que despiertes en los jóvenes el deseo de ponerse a total disposición de Jesús para abrazar la vida consagrada de total dedicación a la salvación eterna del hombre. Que las familias valoren el llamado divino y lo secunden, ayudando a discernir a los hijos y animándolos a dar su ‘sí’ como Tú.
¡Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios!
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de N.S. JESUC
Amén.