Respecto del origen de esta manifestación de fe mariana, que surgió como una iniciativa particular y luego fue creciendo por la devoción del pueblo a la Madre Morena, la Oficina de Prensa del Obispado de Catamarca recogió el testimonio de Adrián Arias, uno de los organizadores de esta propuesta, quien nos comentó que todo se inició luego de conocer Humaya Grande, “un lugar muy lindo, muy grande, que nos hace ver lo pequeño que somos”, donde vive un amigo, don José Tapia, “a quien le regalé una imagen de la Virgen para que quede ahí, para que nos cuide en esa inmensidad del lugar”. Esto ocurrió en el verano de 2016, “entonces vimos que era necesario construir una gruta, y cuando fuimos a hacerlo, la gente de Humaya nos ayudó”, relató.
Recordó que “el 13 de marzo la llevamos por primera vez con el acompañamiento de la gente de Humaya. Fue muy emocionante, es un pueblo muy creyente, siempre está presente en las cosas referidas a Dios y a la Virgen. Entonces llevamos la Imagen y le rezamos el Rosario”.
También trajo a su memoria un momento muy emotivo: “Un kilómetro y medio antes de llegar a Humaya Grande, vivía doña ‘Pocha’ y don Ricardo Yapura, de más 80 años, y su hijo Raúl, quien nos acompañó a caballo junto con su familia, nos preguntó si podíamos cruzar el río para que sus padres pudieran verla a la Virgen. Luego de atravesar el río la bajaron con un respeto, que me emociona cada vez que lo recuerdo, la besaron y le rezaron. A pesar de su edad subieron en los caballos y también nos acompañaron; ellos hoy ya no están. Al atardecer de ese día la dejamos a la Virgencita y le rezamos el Rosario”.
“Creía que iba a ser un regalo que le hice a don José Tapia, pero la gente de Humaya quería que se celebre una Misa. Al mes siguiente se consiguió un padrecito que la celebró. Al terminar esa primera Misa, la gente Humaya con su profunda devoción propuso que se celebre la Eucaristía todos los años, y así fue. Este año se cumplieron los 10 años de esa primera Misa, fueron pasando distintos sacerdotes. La última fue celebrada por el párroco de Ambato, el padre Rogelio, fue muy linda y emotiva”.
También afirmó que “siempre ese día nos toca caminar con llovizna, antes o después de la Misa, que a veces es en enero, febrero, marzo o abril, pero en el momento de la celebración siempre sale el sol. Eso nos pasó en estos diez años. Para nosotros es un regalo de la Virgen a los peregrinos que llegamos a participar de la Misa”.