“Y pide el consentimiento de María para lo cual manda a un Ángel, así como Adán y Eva eran libres, María es libre y puede decir sí o puede decir no. Como Adán y Eva dijeron no, María dijo sí, y comienza a gestarse en sus purísimas entrañas el Hijo de Dios. También José tiene que dar su consentimiento y aceptar que ese Niño viene del Espíritu Santo, y que se va a comprometer a que junto con María lo van a educar como verdadero hombre. Ahí está la cooperación del ser humano; Jesús asume nuestra naturaleza y en esta naturaleza humana sufrirá y pagará por nuestras deudas”, afirmó.
En otro tramo de su predicación, el Obispo hizo alusión a la segunda lectura, “sobre todo porque estamos muy atrapados por la sociedad de consumo”, apuntó, señalando que “no les quepa la menor duda que la evaluación que saldrá por los medios de comunicación de todo tipo, va a ser cuánto ha gastado la gente en esta Navidad, y los consumidores somos nosotros… Y el apóstol Pablo decía a Tito, uno de los obispos jóvenes que había puesto, que ‘la gracia de Dios es fuente de salvación para todos los hombres, ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos para vivir en la vida presente con sobriedad’. Esa palabra creo que ya no tiene carta de ciudadanía en nuestra sociedad”.
“Jesús se entregó por nosotros para librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un pueblo elegido”, dijo, remarcando que la Navidad no es prepararnos para “una comilona, para gastar… y por ahí un fin de semana más largo para pasear, pero no para meditar en el misterio de Cristo, solamente para seguir consumiendo, disfrutando de esto pasajero que no lo vamos a llevar al Cielo”, manifestó.