La ceremonia litúrgica dio inicio con el ingreso de la Cruz en procesión desde el atrio del templo hasta el Presbiterio, donde estuvo expuesta durante todo el año cerca del altar, y que en este día estuvo adornada con flores, para destacar la centralidad que tuvo durante todo el Año Jubilar. Detrás de los ministros ingresaron los fieles y peregrinos que atravesaron la Puerta Santa, para ganar la indulgencia plenaria concedida por la Iglesia en este Año Santo.
Luego de la proclamación de la Palabra de Dios, el Obispo pronunció su homilía, en la que inicialmente dijo que “esta celebración nos une a todas las Diócesis del mundo para dar por finalizado el Año Jubilar que hemos vivido desde el 29 de diciembre del año pasado, también Fiesta de la Sagrada Familia”.
Luego manifestó que “el Papa Francisco, en la bula de convocatoria «La Esperanza no defrauda», nos comprometía a una conversión personal y comunitaria profunda, centrada en el perdón, único camino para la reconciliación y la recomposición de las historias, rompiendo con la prisa del mundo moderno, para mirar a largo plazo, y enfocándonos en la esperanza frente a la adversidad, la paz, el cuidado de la creación, la apertura generosa y responsable de la vida, y la solidaridad con los más necesitados (pobres, enfermos, migrantes), viviendo la fe como camino de peregrinación hacia Dios”.