En ese sentido, manifestó que “el Papa León XIV nos invita a ser constructores de paz”, agregando que el Beato Esquiú “ha sido constructor de unidad, que llega a este lugar peregrino y servidor de la unidad, no como el primero sino como aquel que sirve, el pastor que se ubica a los pies del pueblo, de aquel que está necesitando ser escuchado. Nosotros seguramente venimos con muchas plegarias a ofrecerle al Beato Esquiú, y él las recibe como un pastor, como un servidor que quiere ser puente para recibir esas plegarias y junto a la Virgen del Valle llevarlas al trono del Altísimo”.
“Por eso, el Señor Jesús nos dice que el que quiera ser el más grande que se comporte como el menor, y el Beato Esquiú, como buen franciscano, viene aquí a hacerse el menor, a entregar su espíritu al Señor desde la tierra desnuda, desde la tierra cruda, para pasar del Suncho a la Gloria”, señaló, apuntando que “si nosotros queremos pasar de esta tierra a la Gloria también tendremos que hacer el camino de nuestro Beato, pasar de nuestras limitaciones, de nuestras pobrezas y ofrecerlas para ser reconciliados, ser perdonados para caminar como hermanos y hermanas”.
“Que en este tiempo de Jubileo también podamos hacer este camino de ser reconocidos como hijos e hijas de Dios, a llamarnos también hermanos y hermanas. Por eso, todo aquello que traemos en el corazón, depositémoslo sobre el altar para que el Señor lo haga acción de gracias. Y así, como el Beato hace de su vida una acción de gracias, nosotros también podamos hacer de nuestra vida una verdadera acción de gracias, y que ya no nos reconozcan por nuestras limitaciones, por nuestras luchas, por nuestros enojos, sino por aquello que somos: hijos e hijas del mismo Dios, hermanos y hermanas”.
Antes de la bendición final se rezó la oración por la pronta canonización del Beato Mamerto Esquiú.
Luego de la celebración eucarística los presentes compartieron un desayuno comunitario.