Ayúdanos a comprender y a aceptar que el servicio fundamental que las religiones deben prestar a la humanidad que sufre, es vigilar el creciente intento de transformar incluso los pensamientos y las palabras en armas; y que las grandes tradiciones espirituales, así como el recto uso de la razón, nos llevan a ir más allá de los lazos de sangre o étnicos, más allá de las fraternidades que sólo reconocen al que es semejante y rechazan al que es diferente.
Bendita Madre del Amor Hermoso, hoy, vemos cómo esto no se da por supuesto. Lamentablemente, forma cada vez más parte del panorama contemporáneo de arrastrar las palabras de la fe al combate político, bendecir el nacionalismo y justificar religiosamente la violencia y la lucha armada. Haz que los creyentes desmintamos activamente, sobre todo con la vida, esas formas de blasfemia que opacan el Santo Nombre de Dios. Únete a nosotros, para que, junto con la acción, cada vez más, cultivemos la oración, la espiritualidad, el diálogo ecuménico e interreligioso como vías de paz y lenguajes de encuentro entre tradiciones religiosas y culturas. Que cada familia y cada comunidad se convierta en una “casa de paz”, donde aprendamos a desactivar la hostilidad mediante el diálogo, donde se practique la justicia y se prefiera el perdón, para que ahora, más que nunca, mostremos que la paz no es una utopía, mediante una creatividad pastoral atenta, solícita y generativa de actitudes y acciones ‘desarmadas y desarmantes’.
Madre Bendita, que no nos acostumbremos a la violencia, que no nos resignemos a ella y no nos volvamos indiferentes ante la muerte de miles de personas, ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos y ante las secuelas económicas y sociales que éstos desencadenan y que todos percibimos.
¡Virgen de la paz, puerta de la esperanza segura, Acoge la oración de tus hijos!
¡¡¡AMÉN!!!