“Acompaña al Papa León en su largo viaje por el continente africano, tan golpeado por la violencia, la inequidad y la pobreza. Dale fuerza y sostenlo en su decidido clamor por la paz en el mundo”, rogó.
Además, suplicó: “Responde, con dulzura de madre, a todos los pedidos que te hicieron tus devotos y peregrinos en estos días del septenario, con el que celebramos los 135 años de la coronación pontificia de tu imagen que representa el gran designio divino de que seas la Inmaculada, la sin pecado, para poder acoger, no sólo al Hijo de Dios para ser hombre, sino también para ser la Madre Espiritual de toda la humanidad”.
“Acompaña a todos los peregrinos en el regreso a sus hogares… que todos lleguen a sus lugares de origen, renovados por haber participado en las confesiones, bendiciones, Eucaristías, rezos y en esta solemne procesión que siempre nos deja el sentimiento encontrado de haber estado gustosos contigo y de la inexorable y dolorosa despedida. No obstante, sabemos que jamás nos abandonas, más aún, estamos convencidos que siempre estás, y por eso, cada vez que podemos, nos llegamos hasta tu morada, en Catamarca, para agradecerte, suplicarte y comprometernos a ser mejores discípulos-misioneros. Gracias Madre bendita, ¡hasta siempre!”, concluyó.
Seguidamente se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino, tras lo cual se realizó el arriamiento de la Bandera nacional.
En nombre del Santo Padre León XIV, el Obispo impartió la bendición apostólica con indulgencia plenaria.
Con las campanas echadas a vuelo, pañuelos agitados, vivas y corazones palpitantes de amor, los devotos y peregrinos despidieron a la Reina y Señora del Valle, quien
regresó al Camarín donde permanece durante la mayor parte del año irradiando su gracia sin par.