La vigencia de Esquiú en este campo es total. En tiempos donde la inmediatez y la polarización suelen dominar la agenda mediática, su legado nos recuerda el verdadero norte del oficio: el periodismo como un compromiso inquebrantable con la verdad, el respeto por el disenso y la responsabilidad social del comunicador.
Queridos periodistas: Jesús en la Eucaristía se hace "pan partido y repartido" para la vida del mundo. Ésta es una invitación para ustedes. Que su profesión sea un modo de gastar la vida por los demás. Que cuando informen, sus palabras no lleven el veneno del odio, sino la luz de la claridad y la verdad. Que cuando opinen, respeten la verdad del otro. Y que, al salir de esta celebración, fortalecidos por el Pan de Vida, vuelvan a sus redacciones, a sus micrófonos, a sus celulares y a sus cámaras con el corazón encendido, sabiendo que servir a la verdad del hombre es, en definitiva, una forma oculta y hermosa de servir a la Verdad de Dios, que es Amor. Y, por favor, siempre tengan presente la máxima de san Agustín: “No hay Verdad que justifique una falta de Caridad”. ¡De cuántos males se libraría la sociedad humana, si la tuviéramos presente!
Que la Virgen del Valle, que conservaba todo, meditándolo en su corazón, y el beato Mamerto Esquiú, que fue un gigante de la palabra en el púlpito y en la prensa, los guíen y los protejan siempre. ¡Así sea!