La fe madura no consiste en tenerlo todo claro. Consiste en seguir caminando cuando no todo está claro, sabiendo que detrás de nuestra limitada mirada existe un Dios cuya sabiduría y misericordia son mucho mayores que las nuestras. Ante ese misterio, quizá la mejor respuesta sea sencilla: vivir con confianza, recibir cada día como un regalo y orientar nuestra vida hacia Aquél de quien todo procede y en Quien todo encuentra su plenitud.
Por eso, quizá, con confianza. como hizo entonces Pedro, nuestra Iglesia (con contradicciones, deficiencias, limitaciones, dificultades, miedos, mezquindades, etc.) hoy debe seguir respondiendo a la pregunta de Cristo: “Tú, Señor, eres el Ungido, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,16)… ¿Podremos zafar con una respuesta simple, aprendida de niños? ¿Es eso lo que el Señor espera de cada uno de nosotros? … ¡Vean! cada uno ha de hacerse esta pregunta a solas, mirando a Jesús clavado en la Cruz y dejando hablar al corazón.
Jesús no ha venido al mundo para ser coreado en pancartas y luego ser olvidado en el estilo de vida de los que nos decimos creyentes. Jesús no ha nacido para que nos remitamos a las actas de la historia y comprobemos que, en verdad, existió. Jesús no ha irrumpido, de repente, para que lo ensalcemos como un defensor de las causas perdidas. Jesús, sobre todo, ha venido para que veamos en Él la mejor fotografía y el mejor rostro que Dios tiene: el AMOR.
En este año 2026, Bicentenario del nacimiento del Beato Esquiú, nuevamente, Jesús espera una respuesta: ¿Qué decimos sobre Él? ¿Lo conocemos profundamente o sólo superficialmente? ¿Escuchamos su Palabra o simplemente asistimos a su lectura? ¿Estamos en comunión con Él, o somos unos amigos interesados que sólo lo saben vivir y sentir en ciertas celebraciones solemnes? … ¿Cuál es tu respuesta?
Querida Virgen del Valle, Madre y modelo de los catequistas, te encomiendo la vida y la misión de quienes promueven y enseñan la fe, los catequistas. Guárdalos bajo tu manto, dales un corazón fiel y sencillo para transmitir y testimoniar la Palabra de Dios y ayuda a cada catequizando a encontrarse vivamente con tu Hijo Jesús. De un modo particular te encomiendo a los catequistas enfermos, que recuperen su salud y den testimonio de la confianza puesta en el amor de Dios. Amén.