En otro tramo indicó que “la gente reconocía al Beato como un simple servidor de Dios. Y qué bueno es que se note, que somos servidores del Señor, servidores de su Palabra, de su misericordia, de su gracia, que todo viene de Dios. Y aquí tenemos dos ejemplos grandiosos de fidelidad a la Palabra de Dios, al proyecto de Dios”.
En esta línea invitó a que “seamos humildes, sencillos, simples, y que pueda aparecer siempre Dios a través nuestro, así como nosotros podemos ver a este Dios en las cualidades que se destacan de María y del Beato. Siempre al servicio del Reino, del prójimo, y especialmente cercanos a los más necesitados, sufrientes, marginados, postergados, a aquellos que no cuentan”.
“Que así rindamos homenaje a Nuestra Madre que nos ha protegido hace 22 años de ese terrible terremoto. Que así podamos también honrar al Beato en este Bicentenario de su nacimiento a través de una vida humilde, transparente, de servicio, de oración, porque para llegar a donde llegaron ellos, es necesario mucha vida de oración, es decir, una vida verdaderamente religiosa, porque la oración auténtica nos liga a Dios, nos une a Dios”. Y consideró que “Esquiú fue un adelantado en su tiempo en la utilización y en la centralidad de la Palabra de Dios. Entonces tenemos que aprender esto desde la profunda convicción del corazón. Pidamos esta gracia”.