“Pero Jesús le dio una exigencia más a esto del amor al prójimo, y dice en el Evangelio de Juan que lo amemos al prójimo como Cristo nos ama a nosotros, es decir, hasta dar la vida por los demás. Es una gran tarea de todos los días, esto de acoger al que llega a este Santuario, acogerlo con el amor de Dios. Y que esta experiencia de ser amado por Dios lo pueda conducir de vuelta a casa, a sus acostumbrados deberes, y allí dar testimonio de este amor de Dios, sobre todo, viviéndolo en el amor a sus semejantes”, señaló.
Más adelante reflexionó que “acá, en Catamarca, tenemos a esta Maestra, la Virgen, Ella sí tenía los pensamientos de Dios, Ella sí hacía el camino de Dios, que es el camino del servicio, de la obediencia incondicional y un amor total a Dios. Eso es lo que tenemos que aprender cada vez que venimos a este Santuario y nos ponemos delante de esta Imagen”. En este sentido apuntó que debemos buscar “que nuestros pensamientos sintonicen con los pensamientos de Jesús y que hagamos su mismo camino, que es llevar la cruz, entregar la vida en la cruz para que Dios pueda salvar al mundo entero. Ésta es la tarea que tienen los sacerdotes en este Santuario, ayudarnos a que nuestros pensamientos vayan configurándose con los pensamientos de Dios, y que hagamos el camino de Jesús, porque Jesús mismo es el Camino que nos conduce al Padre”.
Pidió la gracia de observar siempre los mandamientos de Dios, afirmando que éstos “no son un estorbo, sino la mejor ayuda para que podamos amar de verdad, y saber que en la cúspide de este amor está siempre el perdón”.
Hacia el final rogó “que el Beato Esquiú, de quien estamos celebrando y queriendo aprender de su vida en este Bicentenario de su nacimiento, interceda por nosotros para que seamos de verdad testigos del amor de Jesús en el mundo”.