En los últimos tiempos se ha podido observar —aunque no es un fenómeno nuevo— un marcado “interés” de la política por identificarse con los valores cristianos. Este fenómeno, por supuesto, no concuerda con los resultados obtenidos a nivel social y económico. (Por Guillermo Bordón)
Se recurre a gestos
orantes o a fotografías con obispos o con el Papa para ilustrar una supuesta
condición de hombres de fe. Incluso dentro de la misma Iglesia ha sucedido, y
sucede, el error de ideologizar la fe, tomando como referencia a un líder
político en lugar de los Evangelios, que
constituyen la base de nuestra conducta ética. Así, vemos dirigentes que se
presentan como cristianos pero que no reflejan dichos valores en su labor
legislativa.
Muchos se han
proclamado "pro vida", especialmente durante el debate por la
legalización del aborto; sin embargo, sus propuestas atentan contra la vida de
las personas y de la naturaleza. Es necesario tener cuidado con quienes
ideologizan la fe. El padre Pablo Savoia, creador de contenidos digitales,
expresó en Facebook: “La política, desde hace varios años, usa los valores
cristianos”. Según el sacerdote, en ese proceso ocurren hechos curiosos: se
reduce el cristianismo a ciertos valores morales, como el rechazo al aborto o
la defensa de la familia, pero se excluyen temas fundamentales como la justicia
social o el cuidado de los migrantes. En esos casos, parece que ser cristiano
deja de ser una opción integral”.
La ideologización
de la fe reduce los valores a una especie de conveniencia; funcionan como un
eslogan, pero no como una acción directa hacia las personas. Es oportuno
recordar lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre
la justicia social, un tema latente en nuestro país: “La sociedad asegura la
justicia social cuando realiza las condiciones que permiten a las asociaciones
y a cada uno conseguir lo que les es debido según su naturaleza y su vocación.
La justicia social está ligada al bien común y al ejercicio de la autoridad”.
En otro apartado, sostiene que esta solo puede ser conseguida sobre la base del
respeto a la dignidad trascendente del hombre.
La persona
representa el fin último de la sociedad, la cual está ordenada al ser humano:
“La defensa y la promoción de la dignidad humana nos han sido confiadas por el
Creador, y [...] de las que son rigurosa y responsablemente deudores los
hombres y mujeres en cada coyuntura de la historia”. Ideologizar la fe es negar
su esencia misma: el prójimo. Gran parte de lo producido por la política en los
últimos años tuvo como resultado el de someter a las personas al hambre, a la
inseguridad y a otras formas de injusticia.
La fe es vida y la vida es todo.
Hay historias que duelen más allá de los titulares. Historias que no deberían existir y, sin embargo, se repiten con una crudeza que interpela a toda la sociedad. Hoy quiero detenerme en dos casos que conmovieron profundamente, no solo por su desenlace, sino por lo que revelan: la incapacidad —o la indiferencia— de nuestras estructuras para sostener a quienes más lo necesitan. (Por Guillermo Alejandro Bordón)
Hay algo que se ha ido diluyendo en la política contemporánea argentina, casi sin que lo notemos del todo: la esencia del discurso. No porque falten palabras —de hecho, sobran—, sino porque han perdido densidad, verdad y compromiso con la realidad. (Por Lic. Guillermo Alejandro Bordón)
En el sur de Tucumán, las inundaciones no son un hecho aislado ni una sorpresa absoluta. Son parte de una historia que se repite cada verano, cuando la lluvia cae con intensidad y los ríos recuerdan que el territorio tiene memoria. (Fuente: Tucumán Católico, Por María José González)
A veces caminamos por la vida creyendo que vemos… pero el corazón sigue en oscuridad. En este Evangelio de Juan 9, Jesús se revela como la luz del mundo y realiza uno de los signos más impactantes: la curación del ciego de nacimiento. (Fuente: Vivi Espiritualidad Franciscana)