En otro tramo de su predicación, hizo un llamado a las familias a que “animen a sus hijos y a sus hijas a consagrarse a Dios. Al pie de la Virgen del Valle pídanle lo que quieran, pero también sepan hacer el silencio fundamental de dejar que Dios nos pida algo. Dios tiene el derecho de pedirnos lo máximo, y lo máximo es consagrarnos a Él en el sacerdocio y en la vida consagrada. Lo máximo es desprenderse de cosas que son naturales, humanas, que son buenas, para que el pueblo de Dios sea el Reino de Dios, sea lugar donde Dios vive, donde actúa y donde se transforma la sociedad”.
“No hay nada mejor que una vocación auténtica bien respondida, donde uno da el sí a Dios sabiendo que la garantía de la fidelidad es Él. Por eso invito a todos los peregrinos a pensar en la propia familia, pero a pensar en la familia grande que es la Iglesia, y tomarse a pecho la Iglesia, ponerla sobre las espaldas, porque hoy está necesitando más que nunca consagraciones de total entrega, sobre todo al sacerdocio y la vida consagrada. A los pies de María, mientras nos consagramos, mientras le pedimos que nos tome de la mano para que no nos alejemos nunca de Dios, también los invito a hacer una mirada de silencio en el propio corazón, para saber si estamos dispuestos a entregar a Dios todo y entre ellos también entregar a los propios hijos”.
Hacia el final compartió “una pequeña reflexión de San Bernardo en una de sus homilías, él vivía enamorado de la Virgen María, y dice así: ‘Si la sigues a María no te desviarás; si le rezas, no desesperarás; si la piensas no te equivocarás; si la toma de la mano no caerás, con su protección, no temerás; guiado por Ella no te cansarás. Si te es propicia llegarás a la meta, y así experimentarás cuán potente es el nombre de la Virgen María’. En María, cada uno pone hoy su vocación y renueva su entrega a Dios, y le pedimos que nos ayude a ser fieles a Cristo”.