Una iniciativa que impulsa el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y que ha permitido que el equipo integrado por Cesar Piscoya, asesor del Centro de Programas y Redes de Acción Pastoral y el padre Mattía Ferrari, coordinador del Encuentro Mundial de Movimientos Populares, desarrollen una agenda de trabajo entre el 20 de junio y el 30 de julio.
Hasta el momento la misión ha pasado por ciudades como San Diego, Los Ángeles, Seattle, Denver, Phoenix, Detroit, Washington D.C., Nueva York y Newark.
Se trata de un recorrido de carácter pastoral que abarca diversas regiones del país con "el objetivo de inspirar y fortalecer el trabajo de los movimientos populares que actúan en estrecha alianza con la Iglesia en Estados Unidos ".
Esto implica desarrollar diálogos y encuentros con las distintas organizaciones eclesiales y sociales del país. Propuesta que acogió monseñor Paul S. Coakley, arzobispo de Oklahoma y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), quien ha servido de puente entre el episcopado y las iglesias locales.
Como parte de la iniciativa se han desarrollado reuniones en cancillerías diocesanas y residencias episcopales, espacios que han servido para reflexionar sobre los principales llamados del Papa León XIV al inicio de su pontificado.
¿Cómo podemos desatar torrentes de energía moral y convertirnos en poetas de la solidaridad, en medio del creciente sufrimiento humano y ecológico?, es una de las preguntas que fundamentan los diálogos y actividades dirigidas a quienes tienen mucho por contar a partir de sus experiencias en contacto directo con las realidades de sus comunidades locales.
Así la propuesta se convierte en una oportunidad para escuchar a las comunidades que de acuerdo con su realidad, sobreviven en territorios periféricos y enfrentan situaciones adversas, por lo que muchas de las actividades abordan temáticas relacionadas con la dignidad humana, la pobreza y la creciente polarización en la unión americana.
De la misma forma, la misión ha generado espacios de reflexión sobre la primera encíclica del papa León XIV, dedicada a la inteligencia artificial y la dignidad humana. En este aspecto, la prioridad es profundizar en los desafíos éticos y pastorales que el desarrollo tecnológico le plantea a la Iglesia y la sociedad.
Para la presidencia del Consejo Episcopal, esta actividad fortalece la comunión eclesial y el compromiso social con quienes luchan por la justicia social, en un país fragmentado y bajo la aplicación de políticas que en algunas ocasiones están distantes de la valoración de los derechos humanos fundamentales de propios y extraños.
Una labor que conecta los ideales de las organizaciones eclesiales con las experiencias del territorio cuyo impacto se ha hecho más tangible, gracias a la apertura de los obispos que han acogido a la delegación en las distintas diócesis y facilitado espacios de comunión para estrechar los lazos entre la Iglesia y los movimientos.
Una de las características de los movimientos populares en Estados Unidos es que trabajan desde las parroquias y con la gente común, una tarea base que les ayuda a conservar sus principios inspirados en la Doctrina Social de la Iglesia.
Algunos de ellos, están enfocados en la búsqueda de justicia social como el Catholic Worker Movement que desde 1933 trabaja en la organización de casas de acogida para personas sin hogar y comedores, su ideal son las obras de misericordia y la resistencia contra la guerra.
De la misma forma, están los movimientos que trabajan por colectivos vulnerables como los inmigrantes a quienes ofrecen acompañamiento legal, defensa de derechos y visibilización de dramas como las muertes en el desierto y la necesidad de una reforma migratoria que reconozca su dignidad y su derecho a migrar. Experiencias para ensanchar la tienda y permitir el encuentro con quienes hacen visible a Dios en los territorios.












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