Por ello, jóvenes del Perú sostuvieron un emotivo encuentro. El lunes, 28 de julio, 105 de ellos compartieron en audiencia privada, en la sala Clementina, con el Santo Padre, todos provenientes de 48 jurisdicciones eclesiásticas, entre estas, su querida Chiclayo.
Son muchos los testimonios “de alegría” por este cara a cara con el hijo adoptivo ilustre del Perú, cuya vida misionera y sacerdotal la vivió en este país por más de 30 años. La Agencia SIR de la Iglesia italiana ha recogido algunos de estos ecos.
Monseñor Víctor Emiliano Villegas Suclupe, obispo de la prelatura de Chota, jurisdicción en el corazón de los Andes al norte de Perú, está “muy contento”. Señaló que el encuentro “fue muy cordial”.
El prelado, además de haber nacido Chiclayo – donde León XIV fue obispo desde 2015 hasta 2023 – es agustino como el Papa, por eso le conoce muy bien, “en Chiclayo lo recuerdo muy cercano a los jóvenes, siempre mostró una gran disponibilidad”.
Aunque le cuesta “un poco” verlo “aquí en el Vaticano”, lidiando con el llamado “protocolo”, considera que también es necesario en este nuevo rol al que Dios lo llamó como Sucesor de Pedro.
El obispo recordó que León XIV los invitó a poner en el centro al Señor, que este Jubileo no lo guarden solo para ellos, sino que lleven esta experiencia a su tierra, rica en santidad, “con la alegría del Evangelio”.
La secretaria ejecutiva de la Pastoral juvenil, la hermana Pilar Neira, recordó que el Papa siendo obispo en Perú “estuvo muy cercano a nuestra pastoral. Los jóvenes se sienten muy felices de tener a un Papa peruano”.
De hecho, están preparando la Jornada Nacional de la Juventud para 2026. Esperan que participen más de 4.000 jóvenes de todo el país. Por supuesto, será un momento para inundar de alegría al Perú tal como “nos lo ha pedido el Papa”.
Saludar de cerca a su Papa fue una gran alegría para Ximena Alejandra Valdivia Muro, quien coordina la Pastoral Juvenil de la diócesis de Chiclayo, “aunque seamos pocos en Roma, nos sentimos los jóvenes del Papa”.
Cercanía que se transforma en compromiso para todos ellos, muchos no pudieron asistir a Roma por razones económicas, pero Valdivia indicó que el pasado 8 de junio, los jóvenes de Chiclayo celebraron su propio Jubileo.
Fue un momento muy bonito y participativo, precisamente con esa conciencia de ser “privilegiados”, de ser “los jóvenes del Papa”. Se realizó en el santuario de Motupe, a unos 80 kilómetros al norte de Chiclayo, un lugar muy querido por los peruanos y por el propio cardenal Prevost, que estuvo allí en varias ocasiones.
La joven confesó que fue el mismo cardenal quien la eligió para coordinar la pastoral en Chiclayo, junto a otros dos, que hoy en día son sacerdote y religiosa respectivamente, “yo sentí una vocación laical”.
“Serví poco tiempo, con el obispo Prevost, porque pronto fue llamado al Vaticano. Pero vivimos diversas actividades durante ese tiempo. Recuerdo su acompañamiento constante, su atención personal, la fuerte cercanía que también mostraba hacia mí”, añadió.
El ahora seminarista Luis Omar Tasso, junto a Ximena y a la hermana Pilar, estuvo coordinando la pastoral juvenil de Chiclayo. Fue en ese servicio cuando sintió el llamado para ser sacerdote y misionero.
Actualmente está completando su formación sacerdotal en Sudáfrica con los Padres Combonianos, está a punto de ordenarse. Contó que su vocación llegó en 2019, en plena Jornada Mundial de la Juventud en Panamá.
Participó en ese entonces la JMJ, con otros jóvenes por insistencia del cardenal Prevost, quien los ayudó a sufragar esa travesía, que tuvo altibajos, pero “mi obispo siempre estuvo cercano acompañando”.
“Asumí el servicio en pastoral juvenil más o menos coincidiendo con su llegada a Chiclayo, y duró seis años, hasta el 2020. La presencia de Mons. Prevost era discreta pero constante, siempre asistía a las reuniones y su disponibilidad aún hoy me conmueve”, dijo.
Tiene una anécdota: “Recuerdo que una vez, en la parroquia de la catedral, estábamos celebrando una fiesta, habíamos puesto música y era un poco tarde. En un momento dado llegó el obispo”.
La vergüenza fue indescriptible para los chicos, pero el obispo Prevost les dijo que continuaran, “nos dijo que continuáramos, y que sólo había bajado porque quería saber qué estábamos haciendo”.
Esa presencia discreta sigue aún viva – dice Tasso – acompañada de una notable claridad en sus opciones, con respecto a las cuales, al mismo tiempo, buscaba compartir, sin imponerse de manera autoritaria”. Eso es sinodalidad sin poses ni discursos, es “pura capacidad de incluir e integrar, de preservar la unidad”.