En este contexto, dijo que nuestro corazón debe convertirse en “una hermosa cuna acogedora, una habitación llena de luz, fragante, para acoger a Jesús, eso lo que teníamos que haber hecho a lo largo de estas cuatro semanas de Adviento, preparar nuestro corazón con una buena confesión. Hay que acercarse al sacerdote para recibir el perdón de los pecados, porque solamente así nos hacemos partícipes de la redención que Cristo nos consiguió desde la Encarnación hasta la Resurrección”.
Hacia el final, resaltó que “los pastores fueron a adorar al Niño y los ángeles decían: ‘Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que son amados por Él’”, exhortando a que “seamos de ese grupo de los amados por Dios, que nos dejamos amar por Él, que nos dejamos mimar por Él, que nos gusta estar con Él, que no tenemos apuro de salir de su lado, sino que siempre disfrutamos del amor, de la ternura, de la misericordia, de la paciencia de nuestro Buen Dios que se revela en su Hijo Jesucristo”.
Luego de la Comunión, la Cantoría del Valle, con la dirección de Exequiel Andrada, interpretó la canción Noche de Paz y al final villancicos folclóricos argentinos, anunciando el Nacimiento del Niño Dios.