En alusión a la Palabra de Dios proclamada, Mons. Urbanč dijo que “el profeta Isaías, unos 600 años antes ya describe los sufrimientos de Jesús por nuestra salvación; lo mismo el texto de la Carta a los Hebreos, que nos presenta a Jesús como el Sumo y Eterno Sacerdote, quien ofrece su vida en la cruz por nuestra salvación. Y todo este relato de la Pasión, capítulos 18 y 19 de San Juan, en el que vemos cuánta arbitrariedad, prepotencia de parte de aquellos que odian a Jesús. Porque el malvado, dice el Salmo, no soporta al justo. El que hace el mal no puede ver a las personas que hacen el bien, no soportan, y por eso vemos tanto mal en este mundo”. Por ello, exhortó a que “tratemos de hacer el bien”.
“Jesús, totalmente despojado, en manos de los hombres, solamente se aferra en las manos, en el corazón de su Padre Dios. Eso mismo nos va a tocar a nosotros hacer tantas veces en la vida, no nos van a comprender, no nos van a aceptar, nos van a cuestionar, nos van a criticar, pero nuestro lugar de consuelo es el mismo corazón del Padre porque, en definitiva, lo único que permanece para siempre es Dios. Y todo aquél que procura hacer la voluntad de Dios descansará en la paz de Dios”, expresó.
Luego invitó a todos los fieles a tomarse un tiempito para meditar.
Seguidamente, se elevó la Oración Universal rogando por la Iglesia, por el Papa, por nuestro Obispo, sacerdotes y diáconos y por el pueblo de Dios, por los catecúmenos, por la unidad de los cristianos, por el pueblo judío a quien Dios habló primero, por quienes no creen en Cristo, por quienes no conocen a Dios, por los gobernantes de las naciones, por todos los que sufren las consecuencias del pecado en el mundo.